Una red WiFi lenta o con zonas muertas casi nunca es culpa del router. En la mayoría de los casos, el problema está en cómo se planificó e instaló la red desde el inicio.
1. Un solo punto de acceso para todo el espacio
Cubrir una oficina completa con un solo router genera zonas de señal débil. Lo correcto es distribuir varios puntos de acceso cableados según el tamaño y los materiales del espacio.
2. Ignorar la interferencia de otros equipos
Microondas, teléfonos inalámbricos y paredes de concreto afectan la señal 2.4GHz. Un buen diseño de red considera estos obstáculos antes de decidir dónde ubicar cada equipo.
3. No separar la red de invitados
Compartir la misma red entre empleados y visitantes es un riesgo de seguridad y también satura el ancho de banda disponible.
4. Cableado deficiente
Una red inalámbrica depende de un buen cableado estructurado detrás. Cables de baja categoría o mal instalados limitan la velocidad real que puede entregar cada punto de acceso.
5. No planificar para crecimiento
Diseñar la red solo para las necesidades actuales obliga a rehacer la instalación cuando el equipo crece. Siempre conviene dejar capacidad adicional desde el inicio.
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